Vera Menchik, la mujer que dio jaque al machismo

Vera Menchik
Vera Menchik

l 16 de febrero de 1906 nació en Moscú Vera Menchikova, una niña tímida que, pocos años más tarde, daría un inesperado golpe en el tablero moral de su época, un jaque definitivo que supuso una lucha vital por la igualdad de género en el ajedrez de competición. Su padre, Frantisek, un checo de la región de Bohemia que gestionaba propiedades de la nobleza rusa, y su madre, Olga, institutriz de los hijos de los clientes de su marido, no pudieron imaginar que entre sus brazos acunaban, varios grados bajo cero, a la Simone de Beauvoir del ajedrez. En efecto, el papel que la mujer desempañaba en ese capítulo de la historia del juego-ciencia estaba a punto de cambiar para siempre.

Antes de maravillarnos con la asombrosa aventura de Vera, debemos arrojar algo de luz y contexto. Lo primero que haré será marcar en rojo que la celebración de torneos de ajedrez estuvo, durante mucho tiempo, reservada en exclusiva a los hombres. Las mujeres no tenían ninguna representación, salvo contados encuentros, casi clandestinos, organizados por ellas mismas. En realidad, este veto impuesto a las jugadoras supone un tropiezo imperdonable en el recorrido femenino que, desde sus más remotos orígenes, siempre distinguió al ajedrez. En ‘Las mil y una noches’ ya existen referencias explícitas a una mujer ajedrecista. Y en el siglo XIII, Alfonso X el Sabio publicó el ‘Libro de los juegos de ajedrez, dados y tablas’ -el más antiguo testimonio conocido sobre el noble juego, aunque no se circunscriba estrictamente al ajedrez-. El rey Alfonso incluyó un buen número de miniaturas en este bello códice, y así podemos ver que la mujer aparece jugando, con absoluta normalidad, con otros hombres o con otras mujeres. Entonces, ¿qué sucedió con la mujer ajedrecista?

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