Miguel Najdorf, el hombre que se aferró al ajedrez para eludir el infierno

Estableció un récord mundial de partidas simultáneas a la ciega (sin mirar el tablero) ante 45 jugadores como una señal de vida para su familia atrapada en el Gueto de Varsovia. Lea la nota completa por Carlos Ilardo en Infobae

Esta es una crónica de otro siglo; se trata de la historia de un hombre que desafió los límites de la naturaleza humana para eludir las fronteras del infierno. Acaso porque algunos oídos recogen los gritos de auxilio que da el silencio, el 25 de enero de 1947, el ajedrecista argentino de origen polaco Miguel Najdorf intentó que su destreza deportiva se convirtiera en una noticia capaz de atravesar cielos y marescon la esperanza de llegar hasta algún familiar sobreviviente del holocausto. Sus parientes habían sido arrancados del gueto de Varsovia, y llevados a los campos de concentración de Treblinka y Auschwitz.

Sin llanto ni remordimientos, Najdorf se había despedido de su familia en agosto de 1939 cuando fue elegido representante de su país para la Copa de Naciones de ajedrez, una especie de Mundial de seleccionados, que se disputó en el Teatro Politeama en Buenos Aires, con la presencia de 27 equipos. El 1 de septiembre, el estallido de la Segunda Guerra Mundial tomó por sorpresas a jugadores y organizadores; sólo el equipo inglés se atrevió a abandonar la competencia y regresar de inmediato a Europa. Al finalizar el certamen muchos ajedrecistas se fueron en la búsqueda de nuevos refugios en el Continente; intercambiando figuritas de sus angustias y llorando juntos sus miedos, alrededor de veinte se quedaron en la Argentina, entre ellos Miguel Najdorf.

Gracias al accionar de la Cruz Roja durante algo más de un año pudo entablar correspondencia con sus familiares más íntimos, pero cuando los nazis pusieron en marcha «la solución final», con el exterminio del gueto de Varsovia, la comunicación fue sólo de ida. Recién en 1946 Najdorf reunió el dinero para viajar a Europa y ser testigo de los horrores y espantos de la Guerra. Fue entonces cuando pergeñó su plan, el de lanzar una señal de vida hacia cualesquiera de sus 300 familiares judíos-polacos, incluyendo a su padres (Gdalik y Raissa), hermanos (Josek, Salek, Merik e Iacha), esposa (Genia) y su hija de 3 años (Lusia), para que descubrieran que del otro lado de la Tierra un alma gemela había gambeteado el infierno de la Guerra
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Por eso, un día como hoy hace 72 años, junto a la celebración del 393° aniversario de la fundación de la ciudad de San Pablo (Brasil), la Federación Paulista de Ajedrez, con el auspicio del diario «A Gazeta» aceptaron la propuesta del viejo Miguel Najdorf y organizaron el evento con trascendencia mundial. Elevar la plusmarca hasta un límite casi inhumano. Llevar a cabo una exhibición simultánea de ajedrez frente a 45 rivales, sin tener contacto visual alguno con sus adversarios, ni con el tablero ni las piezas. Sólo a través de la voz.

El ajedrez a la ciegas, memorizando la posición de cada uno de los escaques (casillas) y trebejos (piezas), es una de las pruebas más sorprendentes del poder de la mente de un gran maestro, y que causa mayor asombro entre los aficionados e inexpertos de este juego.
Este tipo de exhibiciones, que son parte del historial del milenario juego, se las conoce desde los tiempos de la Edad Media. En el siglo IX, el árabe Said bin Jubair inauguró esta modalidad (jugando de espaldas al tablero y dictando sus movimientos) ante dos adversarios. En 1575, el fray Ruy López de Segura, considerado el primer campeón mundial oficioso, brindaba este tipo de shows ante los asombrados ojos del Rey Felipe II, otro gran aficionado al ajedrez.

 


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