El ‘efecto Magnus’: Noruega enloquece por el ajedrez

 

Por OSLO — En las últimas horas de la noche del viernes, cientos de personas estaban reunidas en un bar con iluminación tenue y decoración elegante en el centro del distrito de Oslo dedicado a la vida nocturna.

Aunque solo llevaba abierto una semana, el lugar había causado muchos rumores. En una noche reciente, la fila para entrar llegaba hasta el otro extremo de la cuadra. Adentro, el ambiente era como el de otros lugares de moda en el centro de Oslo —obras de arte colgadas a la luz de las velas, el ruido de las conversaciones y los vasos de cerveza— excepto por un pequeño detalle: había tableros de ajedrez en todas las mesas y los mostradores.

“Ese es el ‘efecto Magnus’”, dijo Martin Mortensen, un desarrollador de software de 32 años en el bar, refiriéndose al campeón noruego Magnus Carlsen. “Ahora casi todos en Noruega tienen algún tipo de relación con el ajedrez. Está en la televisión y en los diarios todo el tiempo”. Mortensen miró el concurrido lugar y exclamó: “Es extraño”.

Carlsen, de 27 años, ha sido el mejor jugador de ajedrez del mundo durante los últimos ocho años. Ha ganado los tres campeonatos pasados y este mes en Londres intenta conseguir su cuarto título en una tensa competencia con Fabiano Caruana, un estadounidense de 26 años.

El “efecto Magnus”, por llamarlo así, describe muchos fenómenos socioculturales: la manera en que Carlsen, un joven tímido de Tonsberg, se convirtió en una de las personas más famosas de Noruega; cómo los productores de televisión transformaron una actividad de ocio en un divertido deporte para espectadores y la manera en que millones de noruegos, la mayoría fanáticos nuevos o casuales del juego, lo han integrado en sus vidas.

Por eso, el efecto puede verse en todas partes. En un país de unos cinco millones de habitantes, casi medio millón juega ajedrez de manera regular en internet, según la Federación Noruega de Ajedrez. Las tiendas apenas pueden abastecer sus estantes con tableros. Los pódcasts de ajedrez se encuentran en los primeros lugares de las listas de popularidad y los trenes están llenos de gente que juega en sus celulares. Los niños juegan ajedrez con sus amigos. Los adultos organizan partidos de ajedrez con alcohol y fiestas para ver a otros competidores.

El ajedrez es omnipresente, dicen los noruegos. De alguna manera, ahora está de moda.

“Creo que, per cápita, Noruega ahora es el país más fanático del ajedrez en el mundo”, dijo Lars Petter Fosdahl, de 50 años, uno de los propietarios de The Good Knight, un bar con temática de ajedrez.

Carlsen se convirtió en un experto en ajedrez a los 13 años, y estuvo en los primeros lugares de clasificación mundial en 2010. Sin embargo, los inicios de su brillante carrera no fueron suficientes para hacer que los noruegos se contagiaran con esta obsesión. El dios del ajedrez necesitaba comunicar sus dones y las alegrías del deporte a las masas.

Esa responsabilidad recayó en NRK, la televisora estatal que, a lo largo de los años, ha desarrollado una reputación de jugar según sus propias reglas y seguir sus propios instintos extraños. En 2013, mientras Carlsen se preparaba para competir en su primer campeonato mundial, la estación tomó la decisión audaz de televisar todo el evento.

Fue una apuesta. Un partido profesional de ajedrez en promedio consta de poco más que dos hombres con trajes oscuros que observan una mesa con la cabeza recargada en sus manos. El campeonato mundial se desarrolla como una serie de doce juegos en la que el jugador que gane la mayoría de los partidos es el vencedor. Un solo partido puede durar horas, y en total se podrían necesitar más de dos semanas para terminar. En 2012, el programa de noticias estadounidense 60 Minutes transmitió un segmento sobre Carlsen en el que el corresponsal Bob Simon comentó que, para quienes no lo juegan, ver un partido de ajedrez de élite sería como “ver cómo se seca la pintura de un muro”.

Imperturbable, la NRK desarrolló una emisión al estilo de un programa de entrevistas —filmada en un estudio frente a una audiencia en vivo— que usaba imágenes coloridas y un análisis en tiempo real por parte de un pánel de expertos en ajedrez, personalidades de televisión y celebridades nacionales que muestran su curiosidad sobre el juego.

Lea el artículo completo en New York Times

 


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