Las historias de Hort: Ludek Pachman (parte 1)

08/08/2018 – Ludek Pachman fue un importante teórico, un autor laborioso y una personalidad polémica. En Checoslovaquia, fue un acérrimo comunista, aunque después de la “Primavera de Praga” pasó de ser Saulo a ser Pablo o, como algunos piensan, de ser Saulo a seguir siendo Saulo [hace referencia a la conversión de San Pablo en Damasco]. Vlastimil Hort comparte recuerdos de Ludek Pachman. | Fotos: Archivo Michalek . Lea el artículo completo por Vlastimil Hort para Chessbase

Prólogo

¿Cuál es tu opinión sobre Ludek Pachman? Incluso hoy en día me hacen muchas veces esta pregunta. En un comentario del 17 de febrero de 2018, un lector de ChessBase, el Sr. Anandymous, me pidió que escribiera un artículo sobre Pachman:

“Sr. Hort, espero leer un reportaje múltiple sobre Pachman”.

Bueno, Sr. Anandymous. ¡Ahora lo haré!

Probablemente yo sea el último testigo vivo del mundo del ajedrez que puede reportar de forma auténtica sobre los andares de Ludek Pachman. Nuestros caminos se cruzaron más de una vez. La objetividad es un ideal de la filosofía y de la ciencia, pero yo sólo puedo tratar de presentar los eventos con honestidad desde mi perspectiva.

Pachman fue una personalidad extremadamente complicada. ¿Existió o existe alguien que realmente conocía a exactitud al activo marxista que luego se convertiría en un católico profeso? Se me hace difícil imaginarlo. Tal vez su esposa Eugenie. Compartieron un feliz matrimonio sin hijos, y hasta su muerte (la de él), se mantuvieron juntos.

No podría decir que nos agradábamos mucho el uno al otro. Pero nos respetábamos; se notaba en todos nuestros encuentros ajedrecísticos. Al igual que su gran comunidad de seguidores, yo me alegré cuando finalmente encaminó su destino y renunció a las ideas utópicas del comunismo. ¡De una vez por todas! Nuestras opiniones y nuestras perspectivas de la vida y el ajedrez se mantuvieron siempre distantes. Como defensor moderado de encontrar compromisos saludables, he apoyado y apoyo la búsqueda de soluciones que favorezcan a ambas partes; para Ludek Pachman esta no era la forma de proceder. Hasta sus últimos días, fue inflexible con sus puntos de vista. De cualquier manera, ambos éramos emigrantes en búsqueda de contento y armonía en nuestros nuevos hogares.

Nace una estrella…

Escuché la siguiente historia de la boca de Ctibor Kende, un periodista y organizador de torneos de ajedrez, un domingo caluroso de otoño en septiembre de 1959, en Kladno. Todavía estaba enamorado de la escena ajedrecística y de sus protagonistas como durante sus años en activo, cuando le dio nueva vida a los campeonatos de Bohemia y Moravia (1940) y a dos fuertes eventos en Praga (1942 y 1943).

Me había invitado a su casa. Nos sentamos en su apartamento en Kladno-Krocehlavy y yo, que solo tenía 15 años de edad, agucé el oído y lo escuché atentamente. Sus historias abrieron dimensiones totalmente nuevas del ajedrez para mí.

“Vlastimil, el dinero siempre ha llegado a mí, nunca lo he buscado. Sin embargo, siempre supe qué puerta tocar y cuándo tocar para que algo sucediera. En 1943, jugamos un torneo de Pascuas en el Hotel Palace. Era el evento cultural en Praga. Yo era el director del torneo, lo había organizado. Pero, dios mío, terminada la ceremonia de apertura, me di cuenta de que me faltaba un jugador”. Tras la introducción, Kende tomó un buen trago de su botella de Hennessy.

“En el Hotel Palace, que sigue estando en su primera dirección hasta el día de hoy, incluso tenía una oficina propia. Al igual que hoy, sólo tomaba el mejor coñac y fumaba los cigarros cubanos más caros de la época”.

Al decir esto, apuntó al rebosante cenicero colocado sobre una pequeña mesa junto a él.

“Justo cuando estaba a punto de prender mi Corona con un billete de mil marcos (marcos imperiales), alguien tocó a la puerta de mi oficina. Afuera seguía haciendo mucho frío, la temperatura justa para sentarse junto a la chimenea y jugar ajedrez”.

Kende volvió a sorber de su vaso de coñac, tal vez para aclarar su garganta o tal vez para aumentar la tensión.

“Frente a mí se encontraba un niño que no conocía, empapado de pies a cabeza, temblando de frío. Este niño no tiene zapatos apropiados para esta temperatura, pensé. Para verme, obviamente había caminado veinte kilómetros desde su pequeño pueblo hasta Praga. Le ofrecí que tomara asiento y los restos de galletas que seguían sobre la alacena. En poquísimo tiempo, se había deshecho de todos los restos. Se ofreció a realizar todo tipo de trabajos de poca importancia, como acomodar las piezas, limpiar los tableros y la sala de juego, vaciar los ceniceros, sólo para poder participar en el torneo. Chico de mandados, no le importaba nada, dijo. Todo lo que necesitaba era un lugar modesto donde dormir”.

Kende volvió a tomarse una pequeña pausa y sacó el siguiente Corona de su preciada caja de cigarros. Yo estaba literalmente perplejo, expectante por saber cómo continuaba la historia.

“Ese día, Vlastimil, yo estaba de muy buen humor y cuando vi al niño ¡de repente tuve una gran idea! ‘Bueno, jovencito, estás de suerte, pues me falta un jugador en el torneo. Ahora jugaremos cuatro partidas de blitz y si, contra todo pronóstico, ganas ese match te presentaré como un nuevo gran talento ante el público mañana’. Dicho y hecho. Nunca hubiera esperado ese resultado, ¡perdí las cuatro partidas! ¡Había nacido una estrella! ¿Quién era este jugador, Vlastimil?”

Comparto gustosamente esta pregunta con mis lectores. ¿Lo adivinaron? Ludek Pachman (1924 – 2003), gran maestro internacional, siete veces campeón de la República Socialista de Checoslovaquia, famoso editor, teórico y político ¡entró en escena por primera vez en ese preciso momento!


Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*