Karpov y Korchnoi, cuarenta años de la guerra más sucia

Se podría hilvanar un relato solo con los pies de las fotos halladas en el Archivo de ABC. En una, Viktor Korchnoi exige la colocación de un espejo entre los jugadores y el público para eludir el influjo de Zukhar, parapsicólogo que formaba parte del equipo de Anatoly Karpov. En otra, este protesta por la presencia de Stephen Dwyer, «místico norteamericano» contratado para contrarrestar cualquier intento de hipnosis. En una de las imágenes de arriba, Korchnoi hace yoga escoltado por Didi y Dada, dos miembros de Ananda Marga -según los rusos, una secta-, sobre los que además pesaba una orden de arresto por asesinato. En otra foto vemos cómo revisan la butaca de Karpov, quien solicita que la eleven. No faltaron las protestas de Korchnoi, primero para que liberaran a su familia, retenida en la URSS, y luego para denunciar que a su rival le daban yogures con distintos sabores como mensajes en clave.

El de 1978 fue un Mundial extraño. Se jugó en la Filipinas de Ferdinand Marcos con la sonora ausencia de Bobby Fischer, desposeído del título por negarse a defenderlo en 1975 según las reglas de la FIDE. Korchnoi acababa de perder contra Karpov la final del torneo de Candidatos, lo que en la práctica le dio el título al héroe de los Urales. En «El ajedrez es mi vida», Korchnoi cuenta, por cierto, que se reunió con Fischer en Pasadena en 1977, pero el americano creyó, resulta irónico, que era un emisario del KGB.

Leer el artículo completo en ABC.es por Federico Marin Bellón


Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*