Ajedrez de Estilo

Noticias de ajedrez – Argentina y del mundo

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Luces y sombras (blancas y negras)

Por Agustín Berrueta [La Nueva Crónica, León, España]

Por fin llegó a mis manos un libro que llevaba meses esperando. Está editado en Argentina y no se distribuye en España. Había intentado comprarlo por internet pero se confabularon en mi contra mi banco online y los duendes de Silicon Valley para que no pudiera pagarlo con tarjeta. Dicen que hay que tener amigos hasta en el infierno y yo recordé de pronto que tengo un amigo en Tierra de Fuego (que viene a ser el infierno pero con hielo); bueno, en realidad mi amigo no vive en Tierra de Fuego desde hace años, ni siquiera nació allí: nació en Sudáfrica cuando era otro tipo de infierno (y, sin duda, tanto Cono Sur le ha esnortado), y ahora vive en Barcelona, pero sigue teniendo familia allá. La cosa se complicó un poco, pero como no hay rincón del mundo donde no haya un argentino, después de pasar de mano en mano, de viajar en coche, tren, avión y autobús, y después de esperar unos meses, por fin está encima de mi mesa.

El libro en cuestión se titula “Luces y sombras del ajedrez argentino”, de Juan Sebastián Morgado. Cualquier buen aficionado al ajedrez conoce la historia de la mayor debacle argentina, después del 2-4 contra Uruguay en la final del Campeonato Mundial de fútbol de 1930, sucedió en Goteborg cuando tres argentinos perdieron contra tres soviéticos utilizando la misma variante de la Defensa Siciliana que, desde ese día se llama Variante Goteborg. Pero, aunque a usted no le guste o no sepa jugar al ajedrez espere un momento, déjeme que le cuente por qué tenía tanto interés en este libro. Si usted es de mi generación o de una cercana, quizá le interese saber que el argentino Che Guevara era muy aficionado al ajedrez, tanto que parece ser que salvó a un ajedrecista de las cárceles castristas (igual que se cuenta que Trotsky salvó a Alekhine de la checa bolchevique) y tanto, que dicen que en su magra mochila boliviana siempre hubo un hueco para un ajedrez de bolsillo. Si a usted le interesa la historia, tal vez le resulte curioso saber que la ayuda de alimentos del general Perón a Franco, en pleno bloqueo internacional, se gestó en un match de ajedrez Argentina-España que se jugó por télex, pero a cuya inauguración en Buenos Aires asistió el gobierno en pleno (el recientemente fallecido Arturo Pomar, con solamente quince años, era el primer tablero español). Si a usted le interesa el arte y la cultura, querrá saber lo que le pasó en Buenos Aires al escritor y artista surrealista francés Marcel Duchamp, que llegó a representar a su país en el equipo olímpico de ajedrez. O si es usted aficionado a la literatura, se explicará por qué el ajedrez está presente en tantas obras de Roberto Arlt, y si es amante de la poesía sin duda conocerá el más bello poema dedicado al ajedrez, escrito por Jorge Luis Borges.

Argentina tiene una gran tradición ajedrecística, no en vano de los más épicos Campeonatos del Mundo, que enfrentó en 1927 al cubano José Raúl Capablanca y al ruso-francés Alexander Alekhine, se jugó en Buenos Aires. Contra todo pronóstico, Alekhine ganó a “la máquina” y quizá uno de los motivos fuese que tuvo como ayudante al joven Roberto Grau, cuyo “Tratado General de Ajedrez” fue el libro de cabecera (cuando el ajedrez se aprendía en los libros) para varias generaciones de aficionados.

Casi cincuenta años después, en 1971, el mismo escenario sirvió de marco para otro match histórico: el que enfrentó al ex-campeón mundial Tigran Petrosian y al genial Bobby Fischer. El ganador retaría al ruso Boris Spassky, y eso cambió la historia del ajedrez.

En el medio de esas dos citas que figuran en todas las enciclopedias de ajedrez (léase Bases de Datos), el ajedrez argentino se benefició de otro hecho histórico que también se asemeja al ajedrez pero que, desgraciadamente, es una guerra de verdad: en septiembre de 1939, cuando Hitler invadió Polonia y se declaró la Segunda Guerra Mundial, se estaba celebrando la Olimpiada de Ajedrez en Buenos Aires. Algunos jugadores polacos y de otros países vecinos, casi todos de ascendencia judía, renunciaron a volver a su patria y se afincaron en Argentina. Entre ellos estaba uno de los mejores del Mundo, Mojsze Mendel Najdorf, conocido desde entonces como Miguel Najdorf. De Najdorf y sus partidas, frases y anécdotas, se han escrito muchos libros y seguramente se podrían escribir muchos más. Uno de los mejores, sin duda, lo ha escrito también recientemente el GM paraguayo-argentino-español Zenón Franco, que lo conoció y con quien jugó muchas partidas.

Por cierto, el bueno de Zenón también tiene su anécdota personal del match Fischer-Petrosian del que hablaba antes: revendió la entrada que le habían regalado para irse al cine y a una pizzería de la calle Corrientes con su pandilla. Eso, y muchas más historias, las cuenta en “Usted juega. Tributo al ajedrez argentino”, un libro con el que, además de mejorar su ajedrez, usted podrá conocer a algunos jugadores casi olvidados hoy pero que estuvieron en la elite del ajedrez mundial en los años cuarenta, cincuenta y sesenta. Son luces que aún iluminan los tableros de los aficionados en todo el mundo.

 

 


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