El niño que jugó y ganó para salvar su vida

El refugiado Fahim tiene 13 años.
El refugiado Fahim tiene 13 años.
El refugiado Fahim tiene 13 años.

Por Carlos Ilardo –  Esta historia es la de un sobreviviente, un refugiado bengalí de apenas 15 años, que en compañía de su padre cruzó fronteras de manera ilegal para seguir aferrado a la vida. Con su talento -ese don innato para elegir la mejor jugada- y su intuición -el buen olfato para la toma de decisiones en general- descifró los entresijos del milenario juego y ganó la partida: gracias al ajedrez, Fahim Mohammad Alam se salvó a sí mismo y a su familia. Lea el artículo completo aquí

Las peripecias y calamidades que experimentó, postales de los casi cinco años de horror y espanto vividos bajo la clandestinidad en las calles de Calcuta, Nueva Delhi, Budapest y París, acaso lo animaron a contar la experiencia en primera persona: en España acaba de ser presentada la novela “El rey de bengala”, la biografía del pequeño inmigrante que se consagró campeón de ajedrez de Francia y cuyo éxito despertó la atención del gobierno francés y de millares de refugiados postergados en los puestos fronterizos de la comunidad europea.

El rostro de Fahim tiene frescura de barrio pero guarda tristeza de callejón y sus ojos negros y saltarines perdieron el brillo y el asombro de los tiempos de infancia y juventud; entre los 8 y los 13 años vieron y lloraron mucho más de la cuenta.

“Hoy es el peor día de mi vida. Tengo ocho años y he perdido todo: mi mamá y mis hermanos. Mi vida se acabó”, cuenta el niño bengalí en su azarosa biografía, para describir el 2 de septiembre de 2008, fecha en la que por razones de seguridad parecidas al miedo, abandonó su hogar en Dakha y se abrazó a su papá, Nura Alam -bombero de Bangladesh- para escapar como el verde en otoño.

Fahim, que jugaba ajedrez desde los cinco, se había adjudicado un importante torneo en Calcuta, entre jóvenes y adultos. Las repercusiones de la noticia encendieron las alarmas en el hogar de los Alam; una carta sin remitente anunciaba que el niño estaba en peligro y que sería secuestrado. “De los primeros días de la huida aún guardo la imagen de mi padre usando el teléfono a toda hora; solicitando a embajadas y consulados un pasaje para poner la mayor distancia posible entre nosotros y Bangladesh”, recordó el joven ajedrecista la noche de la presentación de su novela en el hotel Las Letras, en Madrid.

 

 


Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*