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Gaioz Nigalidze

Gaioz Nigalidze

Publicado por el abr 13, 2015

Hubo un tiempo en que un árbitro de ajedrez era casi una figura decorativa. En un juego entre caballeros, las escasas disputas solían estar relacionadas con el uso del reloj. Por supuesto, siempre ha habido excepciones, pero lo que ocurre ahora es demasiado grave para que la FIDE siga sin reaccionar. A la insólita derrota de Wesley So por tomar notas en el campeonato de Estados Unidos, un caso muy diferente, se ha unido lo ocurrido en el Abierto de Dubai, donde han sorprendido al gran maestro georgiano Gaioz Nigalidze con un móvil escondido en el servicio. «O paramos a los tramposos o acabaremos como el ciclismo, con una pérdida general de credibilidad», asegura Luis Blasco de la Cruz, uno de nuestros árbitros internacionales.

El caso de Nigalidze llama la atención por la categoría de su protagonista, un fuerte gran maestro, dos veces campeón de Georgia (en 2013 y 2014), en un torneo con 22 jugadores por encima de los 2600 puntos Elo y una buena bolsa de premios. David Howell (2687), Vladimir Fedoseev (2674), Igor Kovalenko (2665) y Tigran Petrosian (2660) destacan entre los participantes. Fue este último, cuyo nombre coincide con el del mítico campeón mundial armenio, quien denunció las irregularidades de Nigalidze, según informa Chess-News.

Cuenta Petrosian que ya sospechó del georgiano en otro torneo celebrado en diciembre, que Nigalidze ganó por delante de él mismo y de Onischuk, Zhigalko, Kryvoruchko y otros jugadores, todos ellos mejores que el vencedor, al menos sobre el papel. El armenio explica que en ambas competiciones le llamó la atención la cantidad de veces que iba al servicio. Más aún, en la partida que disputaron en Dubai, el georgiano respondía a toda velocidad en el tablero y, nada más mover, «corría literalmente al baño». Petrosian probó él mismo a responder muy rápido, para impedir que Nigalidze huyera, y en esos casos este casi siempre realizaba una jugada inferior.

Confirmadas sus sospechas, empezó a vigilarlo y vio que siempre entraba en la misma cabina, dentro de los servicios. El resto de la historia es previsible. Alertó a los árbitros, que en un primer momento no le encontraron nada encima. Petrosian insistió entones en que buscaran mejor y, al inspeccionar los baños, descubrieron el paquete completo: un móvil con auriculares, escondido detrás de la taza y disimulado con papel higiénico.

El acusado no ha ofrecido su versión de los hechos, de momento, y se ha limitado a replicar que no todo lo que ha contado Petrosian era cierto. Antes de ser expulsado, el primero había conseguido cuatro puntos de cinco posibles, justo por detrás de los líderes.

Luis Blasco asegura que no es fácil descubrir casos así, cada vez más frecuentes, ante la imposibilidad de efectuar registros no consentidos a los ajedrecistas. E incluso si se estipulara en las bases, los sospechosos siempre podrían exigir que se aplicara la misma medida a los otros participantes, con los retrasos que eso originaría.

Otro problema que se ha encontrado el árbitro español en varias ocasiones es que algunos organizadores de torneos, por fortuna pocos, no dudan en invitar a conocidos sospechosos porque eso les proporciona publicidad gratuita. El caso más flagrante fue el del búlgaro Ivanov (el tramposo de los zapatos), a quien pagaron incluso el viaje de vuelta a su país después de descalificarlo una vez más, en Navalmoral.

[Actualización: sobre este punto, me informan de que a Ivanov sólo se le devolvió el dinero de la inscripción, pero no el viaje. Parece que el director del torneo no estaba al tanto del caso y que, por tanto, no buscó publicidad con su participación. Ni la Federación Extremeña ni el árbitro informaron sobre este individuo cuando se les envió el listado de participantes. Si esto es así, lo que no tengo por qué dudar, me sorprende que entre los organizadores de torneos no exista una especie de registro compartido, como el que utilizan los casinos, para esquivar a los tramposos conocidos, como ya lo era Ivanov en aquel momento].

Inhibidores de frecuencia

Blasco, que ha arbitrado en tres Olimpiadas, cree que utilizar inhibidores de frecuencia en los torneos es lo más sencillo para acabar con la mayoría de las trampas, aunque esta medida no sería suficiente en casos como el de Nigalidze, que no se comunicaba con nadie en el exterior, sino que utilizaba una aplicación en su móvil.

En todo caso, la primera batalla es contra los organizadores que toleran las trampas para conseguir repercusión en la prensa, insiste. Otro caso conocido es el de Benidorm, un torneo que se presta a la picaresca porque los premios son muy elevados incluso en la categoría de aficionados. Allí ha sido descalificado algún ajedrecista justo antes de la entrega de premios, de manera que la organización se quedaba luego el dinero (no iba destinado al siguiente clasificado) y además conseguían «publicidad».

¿Por qué no se actuó antes contra los tramposos? «En Benidorm hablé de eliminar antes a una tramposa e incluso un policía que vigilaba el torneo dijo que podría conseguir una orden judicial para registrarla, pero la organización no se decidió». «La máxima autoridad de un torneo es su director», cuenta Blasco, «y a veces son amigos de algunos jugadores, contra los que es más difícil actuar».

En el otro lado de la balanza, Luis Blasco alerta contra la paranoia en la que se empieza a caer en los torneos, a veces por parte de los padres de los niños que participan, algunos de ellos «obsesionados», que no paran de ver cosas raras. «Incluso sacan sus móviles para comprobar si los participantes hacen las mismas jugadas que recomienda la máquina, algo que también está prohibido», relata. «La sospecha a todas horas también es muy incómoda».

La derrota de So divide al mundo del ajedrez

Sobre la sonada derrota de Wesley So en el campeonato de Estados Unidos, decidida por el árbitro principal, Tony Rich, Blasco cree que faltó «mano izquierda». «En las Olimpiadas he visto las planillas de los jugadores de algunos países, con dibujos y textos en nombre de Dios o Alá, y nunca se les ha dicho nada. Sancionar por escribir en una planilla es salirse de madre, aunque esté amparado por el reglamento».

Por otro lado, una sanción tan dura «no puede tomarse de inmediato», con esa rapidez y sin otro tipo de castigos intermedios, como quitarle tiempo al jugador. «Yo he llegado a pasar por alto a un jugador mayor que me insultó porque le dije que tenía que seguir apuntando. Son momentos de tensión y dificultad. Al acabar, lo amonesté, me pidió perdón y se acabó el problema. Tenemos que ser un poco menos especiales», sostiene el árbitro español.

Lea el artículo completo en ABC.es

 

 


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