Ajedrez de Estilo

Noticias de ajedrez – Argentina y del mundo

Anatoly Karpov con su esposa Irina

Anatoly Karpov con su esposa Irina

En la tercera parte de la entrevista, Anatoly Karpov nos desvela su reunión secreta con Bobby Fischer y habla sobre el sistema nervioso de los ajedrecistas, su afición la filatelia, sus dos matrimonios y los problemas que tuvo en su tiempo para importar un coche alemán a la Unión Soviética. Con algunas referencias españolas…

Sobre Bobby Fischer, los sellos, los matrimonios y más cosas

¿Cuál fue su encuentro más memorable con Fischer?

En Tokio, en 1976. Charlamos desde las siete de la tarde hasta la una de la noche. La razón por la que lo recuerdo con tanto detalle es que nos encontramos justamente en el momento cuando Korchnoi, en el otro lado del mundo se acercaba a una comisaría de policía en Ámsterdam para solicitar asilo político.

¿Ustedes mantuvieron conversaciones secretas sobre un posible duelo?

Sí. Después me salieron las primeras canas. En Moscú se inventaron una historia según la cual yo al parecer tenía previsto venderle el título de campeón del mundo a Fischer. A continuación, con ese motivo abrieron un expediente para mi en la KGB.

¿Usted era consciente de que Fischer estaba loco?

¿Cómo que loco?

Usted mismo dijo en una entrevista que Bobby tenía paranoias, alteraciones psíquicas.

Pero eso no significa que esté loco. Pero ciertas anomalías, sí que las había aparentemente.

¿Una persona enferma?

Eso también es cuestionable. ¿Quizá no fuese tan poco normal como reaccionaba? ¿Es una enfermedad no poder contener sus pensamientos, si se siente una necesidad de expresarlos a toda costa? ¿O la falta de educación? Si a Fischer le venía algo a la cabeza tenía que soltarlo en el momento. Interrumpía a los demás al hablar diciendo: “¡No, no! Déjame que yo te diga algo…”

¿Cuándo fue su último encuentro con Fischer?

En los Estados Unidos. Pero la reunión en España fue más interesante. Habíamos cenado en un pequeño restaurante y decidimos ir a pasear un poco. Cuando salimos a la calle inmediatamente nos vimos rodeados de gente que quería que les firmásemos autógrafos. Literalmente tuvimos que huír.

Con respecto a Ud. eso no es nada para preocuparse, pero siendo Fischer, es otra cosa y puede parecer hasta preocupante.

Luego no salimos más a la calle, sino que charlamos en el hotel. Después yo me marché para participar terminar un torneo en el que estaba jugando. Él se quedó dos días más en España. Luego acudimos a Madrid con Campomanes. Le comenté a Fischer que me iba a alojar en un hotel cerca del aeropuerto de Madrid Barajas. Tuve que alojarme ahí porque mi avión iba a salir solo a la mañana siguiente. A la una de la noche sonó el teléfono. Campomanes: “Se nos ha ocurrido una idea. ¿Podemos ir a verte a tu hotel?” – “Hombre, claro…“.

Hablamos dos horas. Nuestra última reunión tuvo lugar en Washington en 1977. Lo del duelo prácticamente estaba acordado. Fuimos al consulado de Filipinas. Campomanes localizó a una secretaria que apuntó todo lo que se había acordado. Pero al final el duelo fue cancelado en último término.

¿Realmente nunca le volvió a ver? El mundo es pequeño.

Al parecer no tan pequeño. Bobby vivía en Budapest. Yo estuve allí a menudo. A pesar de eso no he visitado los famosos baños de la montaña Gellert ni una sola vez. Los turcos los habían construido en 1466. Una vez me persuadieron mis amigos. Mi vuelo a Moscú iba a salir a las 11:00 horas y a las 07:00 horas me metí en la sauna. Di unas vueltas por la piscina y luego me senté en los escalones. Son muy anchos. De repente pasa un húngaro nadando y me reconoce. Me saluda y dice: “¿Usted sabe que está sentado en el mismo sitio donde Fischer se suele sentar normalmente? Hasta podría coincidir aún con él. ¿Se quedará más tiempo?” – “Una horita más”. – “Pues, Bobby suele llegar a las 11:30 horas. Le veo cada poco por aquí”.

Fischer falleció temprano.

Sí, únicamente tenía 64 años. Le ingresaron en el hospital por una insuficiencia renal. En nuestros tiempos, eso no es tan fácil de tratar. Resultó que los medicamentos que le dieron no los tomaba, sino que los escondía. La vieja paranoia. Temía que le fuesen a envenenar.

¿Hay alguna pregunta que le habría gustado hacerle?

Claro que sí. Es que hasta el final hubo negociaciones, con Lothar Schmid como intermediario, para poder disputar nuestro duelo. Yo solía ser un jugador activo, él miraba, pero no había jugado en mucho tiempo. Finalmente le propuse jugar en su modalidad “ajedrez Fischer” o “ajedrez aleatorio”. Pero no reaccionó.

Usted sale como motivo en más de 200 sellos. ¿Hay algunos que también le gusten?

En Corea del Norte se han producido sellos en conmemoración del duelo contra Korchnoi. En esos sellos Viktor Lvovich y yo tenemos aspecto de coreanos. Los sellos africanos en folio de plata también son algo especial. El gran maestro brasileño Henrique Mecking tiene pinta de ser africano negro. Yo parezco mulato.

¿Cuál es el sello más destacado en su propia colección?

Los sellos cubanos de una serie de ajedrez que se emitieron en 1951 por el 30 aniversario de la victoria de Capablanca frente a Lasker, en dos variantes, con dientes y sin dientes. Estos últimos se guardan en la cajafuerte de la sociedad que imprimió dichos sellos. Cuando uno de los dueños falleció en 1979, abrieron la caja fuerte y encontraron una hoja con sellos sin dientes. Valían 600 dólares estadounidenses. Entonces eso era una fortuna.

¿Cómo los adquirió?

Un amigo, que era un apasionado filatelista, durante muchos años dirigió la Federación Española de Ajedrez. Poco antes de su muerte me ofreció comprar su colección. Contenía precisamente esos sellos, incluso por duplicado.

¿Cuál es el camino más interesante por el cual un sello ha llegado a su colección?

Existe una historia que me ha hecho famoso en el mundo de los filatelistas. Trata de una subasta en Bélgica en el año 2000. Hay personas que entran en un auténtico delirio en estas ocasiones, pero yo me quedaba totalmente tranquilo. En el ajedrez he aprendido a controlar mis emociones. Si en la subasta se vendió algo por un precio disparatado, bueno, que así fuese. No se puede tener todo. A dicha subasta inesperadamente habían acudido muchísimas personas. Los precios subieron al cielo. Hubo un momento, en el que me di cuenta de que de lo que realmente deseaba comprar únicamente quedaba un pliego del siglo XIX. Se trataba de un sobre que era un poquito más ancho que las medidas normales. Sí, me dije a mi mismo, ahora sí voy a luchar un poco. La gente que pujaba se había reducido poco a poco y únicamente quedaba un pensionista belga. Luchó y solamente se dio por vencido cuando el precio había subido a unos astronómicos 16.000 euros. Simplemente no tenía tanto dinero y bueno, sí, yo había esubido el precio mucho, algo que normalmente no suelo hacer.

¿Se pasó?

Por la noche me llamó un amigo mío al hotel, el organizador de la subasta:
“Oye, corre la voz rumores que has comprado algo muy especial”.
“Me he dado una paliza con un tío loco, me tenía acorralado”.
“No, no es un loco. Tiene que ver con el sobre.“

El caso resultó ser el siguiente. Se trataba de un sobre con 17 sellos, de los cuales uno ya no estaba en el sobre. Antes de que el sobre llegase a la subasta, pertenecía a un magnate belga del tabaco. La primera descripción databa del año 1897, cuando aún no existían las fotografías. Se dieron cuenta de que faltaba un sello. Se trataba del envío postal más caro de la historia de Bélgica, en euros unos 365 euros. Y el 17° sello del sobre formaba parte de la colección del pensionista belga, y por eso había luchado tanto por el sobre.

¿Cómo se había enterado?

Coleccionaba las primeras tiradas de los sellos. Había recibido el catálogo y leyó lo que decían del sobre. Luego miró su album el cual contenía sellos con las cifras corrrespondientes en las estampillas. Comparó una de ellas en cuanto a los contornos y pudo reconocer por las estampillas que era ese mismo sello. Se acercó corriendo a Bélgica desde Francia, donde estaba residiendo entonces.

Pobre hombre.

¿Por qué? Me vendió el 17 ° sello no por su valor nominal, sino 50 veces más caro. Cuesta 60 euros y yo he tenido que pagar 3.000 euros para comprárselo. Pero para mi merecía la pena. El precio del sobre completo inmediatamente valió el doble que antes. En la próxima subasta lo hemos añadido al sobre en un acto ceremonial y a la vista de los espectadores y las cámaras de la televisión. Tras algo más de 100 años, con dos guerras mundiales incluidas, el sello ha vuelto a su sobre al final.

¿Cuánto vale su colección de sellos?

No tengo ni idea. En Internet han aparecido cifras diciendo que 13 millones de euros. Pero no sé cómo lo han calculado si nadie sabe exactamente lo que tengo. Es una tarea muy laboriosa estimar el valor de la colección entera. Nunca lo he intentado. ¿Y por qué? Colecciono los sellos no como inversión ni tampoco tengo pensado venderlos. Me encanta ver como crece mi colección.

¿Los guarda en una cajafuerte en el banco?

Sí. Es mejor tenerlos guardados en Europa, porque la colección será cada vez más grande. Pero en Moscú también tengo guardada una parte.

¿Su esposa y su hija también se interesan por la filatelia?

Sonja no mucho. Natalja tiene su propia pasión de coleccionista: la porcelana soviética.

¿Se ha planteado la pregunta sobre quién deberá recibir su valioso tesoro cuando haya fallecido?

No. Es demasiado pronto para pensarlo. En todo caso quiero que las series de Ajedrez y Olimpiadas nunca sean separadas. ¡Son las mejores colecciones de todo el mundo! Sí, es cierto que en las subastas se suelen vender muchas cosas por separado cuando los herederos no se interesan por ese pasatiempo. Pero las colecciones únicas deberían quedar dentro de la familia.

¿Existe algún sello que ya no forme parte de su colección y de cuya pérdida se arrepienta mucho?

¡Ni uno! No habría ganado tantos torneos y duelos relacionados con el campeonato del mundo si me hubiese arrepentido cada poco por las oportunidades desaprovechadas. Recordemos el duelo contra Kasparov en Sevilla en 1987. Solo 10 segundos más y le hubiese derrotado y hubiese reconquistado el título mundial. Ni hablar del hecho que entonces me costó unos 400.000 dólares en metálico. Si uno se tortura durante toda la vida, el sistema nervioso se rompe muy rápidamente. Claro que me sirven de lección, pero procuro olvidarme del hecho en si.

¿De donde viene el insomnio en este tipo de sistema nervioso?

Son las consecuencias de la sobrecarga y de la tensión nerviosa. Todos los ajedrecistas lo conocen. Eso sí, los representantes de la generación actual son unos blandos en cuanto a la resistencia. No tienen in idea de los maratones que jugamos nosotros. Con Korchnoi he jugado un duelo por el título mundial que duró 110 días. Y con Kasparov durante casi 5 meses. ¡El Campeonato de la URSS duraba 42 días! Hoy en día hasta el duelo por el Campeonato el Mundo dura solo la mitad.

¿Qué tal su colección de tableros de ajedrez?

Hay unos tableros de ajedrez muy exclusivos. En la URSS el Consejo de Ministros tomó una decisión: estaba prohibido producir ejemplares únicos de cualquier cosa. Tenía que haber al menos dos ejemplares. A mediados de los años setenta, produjeron tres ejemplares de un precioso tablero nuevo por el aniversario de Brézhnev, en Verbilki. Uno para Leonid Illich Brézhnev otro para el museo de la fábrica y un tercero para mí. Tras la caída de la URSS el ejemplar del mseo había desaparecido. El tablero que había recibido Brézhnev tampoco se había guardado. Le pregunté a Churbanov, el exyerno del Secretario General, diciendo: “Recuerdo el tablero, pero o se ha roto o ha desaparecido en una mudanza”. Es decir, que parece que ahora el mío ahora es el único ejemplar existente. Con el otro tablero es parecido.

¿Es de porcelana?

Es de aragonita. Durante mucho tiempo únicamente se conocía un sitio donde existía esa piedra natural, en la provincia española de Aragón. ¡Y de repente apareció otro en Balakovo! En una cantera donde sacaban pizarra para construir una carretera hacia la central nuclear. Abrieron una manufactura donde se producían jarrones y otro tipo de recuerdos. Y luego hicieron dos juegos de ajedrez. Regalaron uno a Brézhnev y el otro me lo regalaron a mi. Churbanov comentó que ese tablero también había desaparecido. Pero el mío lo tengo en casa.

¿Pesa mucho?

¡Vaya que sí, que pesa muchísimo! El tablero me lo traje yo mismo, pero la mesa a juego, que pesa 150 kilos, me la llevó una empresa de transportes. Casi no lograron subirla por la escalera. Está en la misma posición ahora que cuando me la entregaron. Es prácticamente imposible de mover.

¿Sigue existiendo su taller, en el cual se construyen tableros por encargos, hechos de dientes de mamut?

No es un taller, sino un salón. Hemos intentado contratar a unos talladores de huesos chinos. No tienen igual a la hora de imitar algo. Pero si se trata de empezar desde cero, nuestros maestros son mejores. En el extranjero este tipo de tableros normalmente se suelen fabricar de marfil, pero está prohibido el tráfico ahora para proteger a los animales en peligro de extinción.

El otoño asado, Ud. estuvo presente en la inauguración del primer museo de ajedrez de Rusia. Dicen que Ud. se ha quedado impresionado al ver el tablero hecho de porcelana de la serie “El Mundo de los Animales”. ¿El norte vs. el sur?

Es el único juego completo de este tipo. Nadie sabía de su existencia. Mientras que el museo no se había inaugurado, todo lo expuesto se guardaba embalado en una habitación del Club de Ajedrez Central. La pieza única se guardaba en una caja de zapatos. No se habrían dado cuenta si hubiese desaparecido. Ni siquiera llevaba inscripción. Únicamente tengo 5 piezas de ese tipo. El abogado Dobrovinsky tiene 8 o 9. En este tiempo, al menos que yo sepa, se ha separado de su colección.

¿Cuánto valía el juego de ajedrez?

Según mi mujer, que sabe mucho de porcelana, el valor de una sola pieza debería oscilar entre 8.000 y 12.000 euros. Los peones son más baratos. Calcule Ud. mismo: 16 piezas y la misma cantidad de peones, eso son unos 150.000 euros.

Acerca de su familia y sobre las importaciones de coches

¿Por qué fracasó su primer matrimonio?

Es difícil ser la esposa de un campeón del mundo de ajedrez. Irina no resistió esa presión. Primero me acompañaba en mis viajes. Tras el parto de nuestro hijo, ella pasaba más tiempo en casa.

¿Se ha vuelto a casar Irina?

Casi inmediatamente. Con alguien que no está vinculado con el ajedrez.

¿Cuántos años tiene su hijo?

Tiene 35 años y es programador. Lamentablemente hay poco contacto.

¿Siente pena por eso?

Mucha. Preferiría tener otro tipo de relación con él. No hay nada negativo entre nosotros, pero tampoco hay proximidad. Es por la influencia de la otra familia. A mi eso no me parece apropiado.

¿Qué intereses tiene su hija?

Cuando tenía cinco años, se interesaba mucho por el ballet. Mi esposa había comprado unas grabaciones de distintas puestas en escena del Teatro Bolschoi. Nuestra hija la metía por su cuenta en el reproductor e iba imitando los movimientos. Solía bailar todos los días durante dos horas. Pronto anunció: “Mamá, quiero ser una gran bailarina, al igual que Maya Plisetskaya. Si eso incluye que tengo que comerme mis papillas, estoy prepada para hacerlo”. Luego le contó a Andrey Karaulov de su amor por la Plisetskaya. El conocía bien a Maya y le preguntó: “¿Te gustaría hablar por teléfono con ella?” Los ojos de Sonia comenzaron a brillar y preguntó: “¿Sería posible?” La llamamos. Cogió la llamada Chedrin. Resultó que Maya se había roto una pierna y que se había acostado pronto. Cuando llegamos a casa, Sonia se acercó corriendo a su abuela exclamando: “¡Abuela, hemos llamado por teléfono a la Plisetskaya! Pero se había roto una pierna y ya estaba en la cama dormida. Finalmente no salió la conversación que teníamos prevista…”

¿Por qué no ha mandado a su hija a una escuela de ballet?

Natalia y yo no estábamos muy a favor de ello. Tenemos muchos conocidos en el mundo del ballet y estamos al tanto de unas cuantas desgracias. Es una profesión muy dura que solamente se puede ejercer durante muy poco tiempo. A los 38 años ya toca jubilarse. Sonia ahora está con el noveno año escolar. Es una niña muy seria y tiene su propia opinión con respecto a caulquier tema. Dice también que quiere hacerse famosa, pero sin contar con su padre como patrón para ello, ni aprovechándose de los logros de ese. “Tengo que conseguirlo todo por mi propia cuenta”, es lo que dice. Quiere ser actriz. Le hemos puesto una condición: “Antes de que te inscribas para el Instituto de Theatro, debes tener una buena formación profesional”.

De Ud. mismo hemos oído que hay planes de hacer una película sobre su vida…

Va a ser una serie sobre mi vida. Una de las cadenas principales de la televisión la va a emitir. El trabajo en ese proyecto solo acaba de empezar y tardará un par de años en acabarse. El ajedrez sin duda será el tema principal. Aún así también será una película sobre las relaciones entre personas y en la que habrá choques entre personajes, destinos y hasta entre poderes.

En mayo Ud. cumplirá 64 años. ¡Parece más joven!

Y me siento más joven. Siempre suelo subir las escaleras a pie. Si tengo prisa, me salto algunos de los escalones. En la Duma se asombran de ello. Durante 52 años no he estado ingresado en el hospital, excepto durante tres días para hacerme una operación para corregir el tabique nasal.

¿Le sigue gustando ir en coche tanto como antes?

¡Desde hace mucho que ya no conduzco yo mismo!

¿Por qué no?

El tráfico es peligroso y agobiante. Si la carretera está libre todavía puedo ponerme al volante, pero en Moscú, la última vez que conduje yo mismo fue en los años ochenta.

Probablemente ningún coche le habrá causado tanta alegría como su famoso Mercedes.

Sí, es un coche maravilloso. En 1977 firmamos un contrato sobre una colaboración y yo era uno de los pocos ciudádanos soviéticos que tenían permiso para colaborar tanto con Alemania Occidental como Oriental. Me propusieron participar en un campeonato abierto en la entonces R. F. A. (República Federal de Alemania). Me comentaron: “Tenemos un acuerdo con la empresa vendedora de coches Mercedes. Si Ud. gana, le regalaremos un coche como recompensa por su contribución al desarrollo de nuestro deporte”.

¡Vaya estímulo tan atractivo!

Gané el campeonato y me acerqué a la fábrica de Mercedes. Me puse al volante de un Mercedes 350 y me di una vuelta con él. ¡Vaya coche tan cómodo! ¿Por qué los alemanes dejron de producir ese modelo al año siguiente?

Gromyko fue el que le ayudó a importar su Mercedes a la Unión Soviética, ¿verdad?. ¿Quién le ayudó a Petrosian con el suyo?

A él le ayudó aquel que a mi me lo prohibió. Había un tal Kuzmin, el interino de Patolitshev. El era el encargado en el Ministro de Comercio Exterior de este tipo de permisos. Yo caí víctima de las relaciones que mantenían ellos. Negaron la importación de mi coche. Al parecer Ud. está al tanto de como siguió la cosa. El embajador Valentin Falin intervino y me ayudó.

Hace poco Nikita Vysotskyme contó lo del Mercedes de su padre. Lo vendieron para poder pagar el entierro. El coche terminó en Armenia y ahí desapareció. Luego aparecieron unos “dobles” en el mercado negro. La gente procuraba venderlos como “el coche de Vysotsky”.

Yo vendí mi coche y listo. No me asombraría si algún día lo viese por algún sitio. Estaba en estado perfecto. Solían acercarse mecánios de la fábrica de Mercedes desde Alemana con regularidad a la feria de las prestaciones agrícolas y siempre dejé revisar el coche por ellos antes de que tocase la inspección técnica del vehículo.

¿No fue en 1984 cuando le faltó poco para morir en un Mercedes cuando iba de camino a la partida número 27 contra Kasparov?

Aquel era en un coche oficial, un Wolga. El chófer tenía problemas para manejar el coche con hielo en la carretera cerca de la estación de metro Dynamo. Nos salimos en la curva y el coche dio varias vueltas en el carril de los que venían en sentido contrario, hasta que paramos al chochar con el bordillo. Tuvimos suerte de que la caravana de coches solo acababa de tener luz verde y aún no iba a mucha velocidad.

 


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