Ajedrez de Estilo

Noticias de ajedrez – Argentina y del mundo

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Una docena de grandes maestros y maestras desinhibidos, desmadrados más bien, divirtiéndose ante público y cámaras mientras se enfrentan en un tablero gigante. Sólo se ve en Gibraltar, es una de las atracciones del Festival Tradewise y contribuye a la urgente necesidad de cambiar la imagen del ajedrez. Antes, cómo no, también disfrutamos de partidas excelentes en la 5ª ronda.

La Batalla de los Sexos va ya por su tercera edición y es uno de los momentos más esperados del festival. Se trata de disputar tres partidas en un tablero ambientado como un cuadrilátero de boxeo, con diez minutos por bando. Cada equipo consta de seis jugadores que hacen un movimiento cada uno por turnos, aunque los árbitros suelen ser muy tolerantes en cuanto a las consultas entre compañeros. El público estaba presidido por la ministra de Turismo, Samantha Sacramento, acompañada por patrocinadores, organizadores, periodistas, jugadores y curiosos.

En realidad, todos esos detalles importan poco; y menos aún el resultado (2,5-0,5 a favor de los chicos, que el año pasado perdieron). Lo realmente prioritario y urgente es que el mundo del ajedrez deje de vivir ensimismado, endogámico, mirando sólo hacia dentro, y se abra a la sociedad. Eso se debe hacer, ante todo, introduciendo el ajedrez pedagógico en los colegios como asignatura y promoviendo sus múltiples aplicaciones sociales, pero también mejorando sustancialmente todo lo relacionado con imagen, mercadotécnica, relaciones con la prensa y potenciales patrocinadores, comunicación…, un capítulo donde el ajedrez es un desastre salvo excepciones, como la de Gibraltar.

Las posibilidades para invertir el tiempo libre en el siglo XXI son innumerables, incluso sin salir de casa. El ajedrez cuenta, sin duda, con argumentos irrefutables para aumentar su popularidad, el nivel de patrocinio y la utilidad social. Pero si nos quedamos sentados, esperando que suene el teléfono para que nos ofrezcan ayudas millonarias, nunca dejaremos de ser una minoría anquilosada. Conozco poquísimas federaciones que tengan a una persona apropiada para esa labor y dedicada exclusivamente a las relaciones exteriores, que sin duda serían rentables. He ahí una urgencia ineludible.

Por fortuna, cada vez son más los organizadores, jugadores y representantes que empiezan a comprender algo tan elemental –en otros deportes, todo eso está asumido desde hace decenios- y a cambiar de actitud. Quizá por eso, buena parte de las estrellas del XIII Festival Tradewise aceptaron sin muchos remilgos la invitación a participar en la III Batalla de los Sexos. Se echó de menos a la campeona del mundo, Yifán Hou, siempre sonriente ante periodistas y fotógrafos pero renuente a cualquier actividad que se salga de lo establecido en su contrato.

Cuando planteo este asunto en tertulias con ajedrecistas es frecuente que alguien, con ideas más bien fundamentalistas, o al menos muy ortodoxas, arguya algo así: “En otros deportes ganan mucho más dinero y por eso colaboran en actividades frívolas o circenses”. Yo disiento frontalmente porque divertimentos como La Batalla de los Sexos pueden hacerse con buen gusto e imagen elegante, nada denigratoria para el ajedrez sino todo lo contrario. Y el orden correcto es el inverso: abrámonos a la sociedad y entonces lograremos más patrocinadores y habrá más premios para los jugadores.

Por ejemplo, personas destacadas con esa mentalidad calificaron de “frívolo” mi titular “El Tigre de Madrás no muerde” en El País, durante mi cobertura del Mundial de Sochi 2014. Una de esas personas se mostró a continuación totalmente de acuerdo conmigo en que Anand debería arriesgar más. Pero si yo titulo “Anand no arriesga”, esa crónica no hubiera estado entre las más leídas de Deportes ese día. Es el ajedrez quien debe adaptarse a la sociedad, y no al revés.

Lo que se vio claro anoche es que los grandes maestros se lo pasaron muy bien mientras contribuían a suavizar mucho la imagen más dura del ajedrez. Y bien que lo necesitaban, porque este torneo es muy exigente. Que se lo pregunten, por ejemplo, al español Renier Vázquez, quien arrancó medio punto con apuros al prodigioso Yi Wei (15 años) tras cinco horas y media de lucha. “Este chico es durísimo. He jugado una variante que tenía muy bien preparada, y él ha encontrado una jugada novedosa (Dc8) que plantea problemas difíciles de resolver. Luego ha jugado el final con una precisión asombrosa. Todo indica que llegará muy lejos”, me decía pocos minutos después de firmar el empate.

Leer el artículo completo con muchas fotografías, en La Tabla de Flandes

 

 


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