Ajedrez de Estilo

Noticias de ajedrez – Argentina y del mundo

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En los pasillos de una olimpiada lo más frecuente es ver gente contenta, al igual que en las ciudades diseñadas para las vacaciones (como Benidorm),porque es la gran fiesta bienal del ajedrez. Pero hoy me he encontrado con varias personas disgustadas por los más diversos motivos. Como todos ellos me parecen de interés general, daré los detalles… Diario de Leontxo (III)…

El diario de Leontxo (III)

Enfados de diversa índole

Desde que se instauró la polémica regla de “tolerancia cero” (un jugador pierde por incomparecencia si no está sentado ante el tablero a la hora exacta de comienzo) he sostenido que tiene sentido en torneos profesionales de alto nivel. Es más, en esos casos yo obligaría por contrato a los jugadores a estar en su silla diez minutos antes, para facilitar el trabajo de los reporteros gráficos. Pero considero absurdo aplicar esa norma a jugadores aficionados, y más aún en una Olimpiada, donde he visto casos ridículos: una chica –creo recordar que era de Kazajistán- va corriendo por el pasillo, sorteando a un montón de gente, a punto de caerse varias veces, porque el gong inicial está a punto de sonar. No logra llegar a su tablero cuando suena, y pierde por incomparecencia. O un jugador llega con antelación, deja su chaqueta en el respaldo de la silla, se aleja de su mesa y no logra volver hasta pocos segundos después de que suene el maldito gong, y también pierde.

Lo que he visto hoy no es tan dramático, pero me ha producido mucha lástima, y me reafirma en que esa dichosa regla exige correcciones y matices. El equipo de Gambia perdió ayer por incomparecencia porque no llegó a tiempo para la primera ronda. Hoy, a la hora exacta, sólo estaban tres jugadores. El cuarto, único de la delegación que sabe manejar una computadora, se había quedado escribiendo un formulario con los nombres completos de todo el equipo para entregárselo a la organización. Ignorante de la estricta regla de no tolerancia –eso me ha asegurado su capitán-, se ha presentado diez minutos tarde a su partida con el andorrano Raúl García. Éste, muy incómodo por la situación, ha permanecido sentado unos minutos más, incluso después de que el árbitro de mesa (uno de esos jueces que dan la impresión de sentirse más importantes de lo que son) decretase la derrota, por si aún podía jugarse la partida. Los gambianos, en lugar de hablar con García se han ido derechos a protestar al árbitro principal de la Olimpiada, el griego Panagiotis Nikolópulos, quien, tras hablar con el árbitro de mesa, ha confirmado la decisión de éste. Luego ha hablado conmigo: “Es una decisión muy desagradable, pero no tengo más remedio que aplicar las reglas. Si los gambianos preguntan al andorrano si quiere jugar, y éste accede, yo hubiera reconsiderado la decisión, pero ahora ya es tarde”.

Nikolópulos, con quien he tenido ocasión de tratar otros asuntos profesionales los últimos años, parece un tipo muy razonable, y de mente flexible. Le he pedido que me confirmase si los equipos que también han perdido hoy por incomparecencia, como ayer, quedan descalificados, tal como indica el reglamento: “No, si me avisan de que llegan mañana. Hay varios que lo están intentando”.

También he hablado con uno de los directores de la Olimpiada, el noruego Morten Sand, quien me ha aclarado dos líos importantes, el de los visados y el de los hoteles. “La explicación de por qué hay equipos americanos que no han necesitado comparecer físicamente en una embajada noruega es que tienen pasaportes biométricos, que incluyen sus huellas dactilares; por tanto, bastaba con que enviasen los documentos a cualquiera de nuestras embajadas, y se los devolvíamos con el visado. Pero en África poca gente tiene esos pasaportes. Y las últimas modificaciones del Tratado de Schengen son muy estrictas. Para nosotros es fundamental respetar las reglas. Hemos pedido que se nos diera un trato excepcional, dado que es un evento con más de 3.000 personas de más de 170 países, pero se han negado”.

A pesar de la ausencia de varios equipos africanos que no podían permitirse el lujo de viajar a otro país vecino sólo para lograr el visado, la marca histórica de participación se va a batir con toda seguridad (los datos exactos se sabrán cuando el árbitro jefe cierre la posibilidad de repescas). Y por eso, entre otras razones, hay un serio problema de alojamiento: “Tenemos 2.900 camas en total en Tromso, y hay más de 3.000 personas. Contábamos con que se iban a ampliar hoteles que no lo han hecho, y con una residencia de estudiantes con dormitorios de alta calidad que luego ha resultado imposible. Por eso hemos tenido que recurrir a soluciones fuera de la ciudad. En todo caso, los claramente perjudicados no superan el 5% de los participantes. Somos víctimas de nuestro éxito”, ha añadido Sand. También hay numerosas quejas sobre las condiciones higiénicas de los váteres de los jugadores y del público, que son portátiles, mixtos (los mismos para hombres y mujeres) y quizá insuficientes.

Un cabreo muy distinto es el Magnus Carlsen, quien no ha querido hablar con la prensa tras empatar con el finlandés Tomi Niback. Algo parecido ha ocurrido con Iván Salgado, quien ha rechazado una entrevista conmigo de 15 minutos ante las cámaras de ChessBase porque había empatado una posición claramente ganadora. Lo mismo ha ocurrido un par de horas antes con Miguel Illescas, no tengo claro por qué, tras su empate más bien rápido. Creo que los ajedrecistas profesionales, como hacen sus colegas de otros deportes, deberían incluir entre sus obligaciones rutinarias la de hablar con los periodistas, incluso cuando pierden. En Wimbledon o en Roland Garros, el perdedor debe ir a la sala de prensa antes de meterse en la ducha. Sí, ya sé que los tenistas ganan mucho más dinero. Pero los ajedrecistas nunca ganarán más si no comprenden que los informadores necesitamos su colaboración para que los patrocinadores y los aficionados estén satisfechos.

Más cabreado aún estaba hoy Gari Kaspárov, quien me ha contado varias cosas muy preocupantes sobre posibles fraudes en el proceso electoral mientras firmaba autógrafos, se sacaba fotos y atendía a sus admiradores. Como este diario de hoy ya es bastante largo, y él anuncia una conferencia de prensa para mañana, aplazo 24 horas los detalles de lo que me ha dicho.

Y para terminar con un buen sabor de boca, recomiendo que los lectores se deleiten con la obra de arte que ha firmado hoy Alexéi Shírov. A él no le gusta que yo le llame el Leonardo da Vinci del ajedrez, pero estoy convencido de que fue una de mis ocurrencias más acertadas.


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