Ajedrez de Estilo

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Partidas Memorables (118) Fred Wilson vs. Walter Browne, Nueva York 1963

“El ajedrez es la forma más elevada de combate intelectual…para mí el ajedrez supera cualquier placer físico o posesión material”, en estas palabras se refleja la gran pasión que el Gran Maestro norteamericano Walter Shawn Browne (Sídney, Australia, 10 de enero de 1949) siente por jugar al ajedrez.

Walter Browne en 1972
Walter Browne en 1972

Browne destaca que el ajedrez “Casi no tiene rival como herramienta educativa, especialmente para los jóvenes que aprenderán a pensar con anticipación de forma creativa y lógica. Aprenderán a manejar recursos, a tener paciencia y, es de esperar, determinación y respeto por sus adversarios, como también formarán su carácter”.

En su libro The Stress of Chess… and its Infinite Finesse (NIC, 2012), Browne opina que la preparación es esencial, la cultiva, y que al competir “se es ganador, no importa el resultado”, por las enseñanzas que serán útiles en el futuro.

Libro The Stress of Chess... and its Infinite Finesse. Walter Browne
Libro The Stress of Chess… and its Infinite Finesse

Yasser Seirawan cuenta en el primero de los tres prólogos del libro que su rivalidad en los torneos abiertos por sistema suizo de EE. UU. comenzó en 1976, antes de ello, en su período de desarrollo ajedrecístico, para Seirawan, “Ninguno de mis rivales posteriores me inspiraba tanto temor como Walter”.

Browne tenía dos apodos en el circuito de torneos abiertos de EE. UU., uno de ellos era “Seis veces”, referido a sus seis victorias en los campeonatos de EE. UU., y el otro era “El Rey de los Suizos” por su gran éxito en los torneos abiertos.

Analizando las razones del éxito de Browne en los abiertos, donde a veces el resultado se decide en un feroz apuro de tiempo, aparentemente azaroso, pero donde Browne salía casi siempre victorioso, Seirawan cree que en la personalidad y los éxitos de Browne resalta su estilo competitivo al máximo, “Walter cree firmemente que si vale la pena hacer algo, hay que hacerlo bien. En todas las cosas y todas las veces”.

“Si hubiera un decatlón de juegos de mesa, Walter Browne ganaría el oro” comentó Andy Soltis, Browne es un fuerte jugador de póker, scrabble, backgammon, etc.

Walter Browne en enero de 1974
Walter Browne en enero de 1974

El libro describe con minuciosidad los resultados de sus sesiones de simultáneas en sus dos giras por EE. UU., asombrosamente no le resta interés, sino que resalta la pasión de Browne por el ajedrez y por la vida en general, a veces parece una novela de aventuras. Browne agradece la inspiración recibida de Fischer y Tal, rescata lo positivo de las personas y de sus viajes, ajusta alguna cuenta menor pendiente, desde su personal óptica, y comenta 101 partidas suyas.

El primer capítulo del libro abarca desde 1953 a 1969, cuenta que sus padre era irlandés – americano y su madre irlandesa – australiana, por lo que se considera 90% irlandés.

Sus padres se conocieron en EE. UU., poco después de terminada la Segunda Guerra Mundial emigraron a Australia, para volver en 1953, cuando Walter tenía cuatro años.

Aprendió a jugar a los siete años, su contacto con el ajedrez creció cuando tenía 10 años y la familia se mudó a Brooklyn, a los 13 años su madre lo llevó al mítico Manhattan Chess Club de Nueva York, y cayó embrujado por el ajedrez, “Estudié las colecciones de partidas de Tal, Botvinnik, Capablanca, Alekhine y Nimzovich, con frecuencia hasta bien entrada la noche, y a veces libros enteros en pocos días. Dudaba seriamente que alguien trabajara tan duro como yo lo hice desde los 13 a los 16 años, hasta que supe de los asombrosos logros de Bobby [Fischer]”.

Cuando tenía 14 años, sus padres “estaban tan preocupados por mi obsesión por el ajedrez que me llevaron a un ´loquero`. Hablábamos cinco minutos y luego jugábamos al ajedrez hasta que estaba completamente ganado, luego jugaba con el bando que estaba perdido, y lograba estar ganado. Luego cambiaba de bando nuevamente hasta hacerlo dos o tres veces, todo durante una sesión de 45 minutos…”

Tras seis sesiones los padres se dieron cuenta de que en vez de pagar ellos al psicólogo, Walter debía ser el que cobrase por sus lecciones de ajedrez.

Browne en post mortem con Karpov, Tal mira Las Palmas 1977
Browne en post mortem con Karpov, Tal mira Las Palmas 1977

A los 14 años conoció a Fischer, justamente Fischer es un protagonista secundario de la primera partida del libro, jugada en diciembre de 1963, “la partida no es destacable, pero contiene un interesante final de torres”, comentó Browne.

Se jugó en la segunda ronda de uno de los tradicionales torneos abiertos de Nueva York de fin de semana, a seis rondas, una el viernes, tres el sábado y las dos restantes el domingo. El ritmo era de 40 jugadas en dos horas y luego 25 jugadas por hora, no había tiempo para suspender, por lo que las partidas que tardaban más de cinco horas de las rondas 2, 3 y 5 debían ser adjudicadas.

Browne comentó que Fischer, vecino de Brooklyn, “por una modesta suma fue contratado como adjudicador de las partidas. Si bien Bobby se tomó su tiempo antes de decretar las tablas, sé ahora sin asomo de duda, que llegó a una conclusión errónea, como los análisis de 32 años después demuestran”, escribió Browne.

Esos análisis tienen un fallo en la variante principal, pero el final es tan complejo que tal vez tenga razón. La anécdota se enriquece con una carta del rival de Browne, Fred Wilson, publicada en el primer número de la revista New in Chess de este año.

En primer lugar dice que los grandes maestros Benko o Bisguier, si no jugaban, se ocupaban de adjudicar partidas cobrando 50 dólares por unos minutos de análisis, se decía que para ese torneo Fischer exigió 100 dólares por partida, y los consiguió, por lo que el ingreso no fue tan “modesto”, al adjudicar unas 10 partidas cobró 1.000 dólares tras menos de una hora de trabajo.

Fischer (con 20 años entonces) llegó a la partida y pregunto a cada uno qué aspiraba de la posición, Browne (con 14 años) dijo que quería ganar, y Wilson tablas.

Fischer se concentró por 4 ó 5 minutos según Wilson y dictaminó “Tablas”, “Walter estaba muy disgustado y empezó a discutir con Fischer, intentando una variante tras otra, Fischer las refutaba todas hasta ganar en una ocasión. Finalmente Bobby le dijo a Walter ´Si continúas le voy a adjudicar la victoria a el`, ¡señalándome a mí! Eso calmó a Walter”.

Ese fue el primer contacto de Browne con Fischer, en el libro relata muchos encuentros más, que recordaremos en una nota próxima.

Leer el artículo completo aquí


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